El mes que ha pasado entre mi última entrada y esta he hecho otro experimento metodológico: trabajar solo con Todoist y pasar de la agenda en papel. El resultado, en realidad, ha sido bastante desastroso, pero todo tiene su parte buena.

Empezamos por Todoist.

Es la herramienta con la que mejor he conseguido organizarme y la que espero seguir usando a no ser que me haga putada tras putada. No sé cómo explicar por qué me va mucho mejor que Trello o que Wunderlist, pero supongo que tiene que ver con una forma muy sencilla de organizar las tareas y de la posibilidad de visualizarlas como yo quiera: por día, por cliente o por tipo. Sobre todo me viene genial por dos cuestiones: puedo poner tareas recurrentes (muchas de mis tareas lo son) y puedo tener más o menos organizado mi maremagnum de clientes y proyectos, que hace que la dispersión se canalice bastante.

No voy a explicar exactamente qué hace Todoist porque hay un montón de gente que lo explica mejor que yo, como Hipertextual, pero básicamente es un gestor de tareas, es decir, algo que nos permite organizar todas nuestras tareas. Te sale una lista de lo que tienes que hacer a lo largo del día y tú vas tachando a medida que haces las cosas, es fácil. Lo complicado es acostumbrarte a poner todas las cosas que tienes que hacer, pero todo es cuestión de organizarse un poco.

Google Calendar

El problema que para mí tenía Todoist es la imposibilidad de tener una vista de calendario que me permita ver qué días tengo más cargados. Eso es fundamental para poder calibrar en qué momento de la semana tengo huecos para cogerme una tarde libre o simplemente para embutir trabajos que pensaba que no podría sacar nunca. Pensé que esto se resolvería con la integración con Google Calendar, pero para mí ha sido desastroso. Si hago una modificación en Google Calendar de una tarea recurrente, me desaparece de Todoist y eso hizo que una semana se me pasaran cosas importantes y eso que yo llevo una organización un poco paramilitar del curro. Además las cosas se me importan con una franja horaria absurda y no soy capaz de cambiarlo por defecto, sin que tengo que entrar tarea por tarea y editarlas, con lo que a veces me desaparece la tarea recurrente de Todoist. Todo muy raro. La solución fue hacerme un calendario en papel con mis tareas recurrentes, eliminar todas las que tenía en Todoist y volver a ponerla con hora.

El cuaderno 2.0

Mi conclusión de persona tecnotorpe y malecera fue que Todoist funciona muy bien pero me va mejor tener un backup en papel. En ese backup (el cuaderno de siempre, pero me he comprado una encuadernadora y ahora es un poco más cómodo de usar) tengo un calendario de tareas recurrentes que, semana a semana, voy aterrizando en una planificación. Con las recurrentes a primera hora más las puntuales puedo tener el lunes una idea aproximada de la carga de trabajo que tengo cada día de la semana. Eso es lo que cotejo con Todoist para asegurarme de que no se me ha perdido ninguna tarea por el camino. La verdad es que en el día a día no hago casi anotaciones en el cuaderno de backup, pero tener esa vista general de la semana me ayuda mucho. Tal vez en la próxima edición del cuaderno solo haya visión general de la semana, eso lo iremos viendo.

Básicamente lo que he terminado haciendo ha sido elegir la herramienta que mejor se adaptara a mi forma de trabajar y completar sus fallos sin dejar de hacer lo que estaba haciendo: tomar notas como toda la vida. Espero ser constante y capaz de mantenerlo.