Empezaba el año con el firme propósito de terminar de encontrar una metodología de trabajo que se adaptarse a mi forma de trabajar caótica y dispersa. Unas semanas después de ese propósito, me encontré con una situación de arresto domiciliario (sanitario, no legal) que me obligó a trasladarme del todo a casa durante bastante más de un mes. Aquello que en su momento parecía una catástrofe (agudizada por el hecho de que mi portátil muriera del todo durante unos días) me hizo darme cuenta de que dependía demasiado de dos cosas: mi ordenador del despacho y mi agenda física.

La agenda física ha sido uno de los grandes cambios de esta primera mitad del año. Sigo usando una agenda física (a día de hoy creo que podría prescindir de ella, pero no lo acabo de tener claro del todo), pero más como una forma de reafirmar todo lo que llevo avanzado a lo largo de día. El gran cambio de la agenda es que ya no uso una de publicidad extensísima que me da para todo el año, sino pequeños cuadernos que me hago yo misma y que me permiten trabajar según mi propia metodología y sin tener que salir de casa cargada como si me fuera a otro país.

Son pequeñas agendas que rara vez me duran más de un mes y medio y que imprimo en el despacho en base a una serie de parámetros pero que después termino yo a mano en casa (poniendo las fechas). Hasta ahora, he trabajado con tres columnas, con una adaptación un poco heterodoxa del método GTD: una para hacerme una relación de los trabajos que tengo en proceso en cada momento (con tropecientas interrupciones a veces no sé qué cojones estaba haciendo), una para los trabajos relacionados con campañas PPC y y otro para el resto de trabajos. Llevo con ese sistema desde enero y me ha ido bien. Ahora le he dado una vuelta más y la columna de PPC se ha dividido en una columna para reportes y otra para lanzamientos y estrategias y la del resto de trabajos se ha dividido en temas de redes y otros temas. Probaré ese nuevo sistema durante el mes de junio y veremos cómo vamos evolucionando la agenda para julio.

La dependencia del ordenador de la oficina ha sido mucho más fácil de resolver porque simplemente he mejorado bastante la organización de mis archivos en nube (ahora solo me falta pasar definitivamente de Dropbox a Drive) y generalmente da exactamente igual dónde esté porque tengo acceso a todo. Con lo despistada que soy, verme en una situación así ha sido imprescindible para tomármelo todo con más calma, ver dónde fallaba y tratar de organizar mucho mejor todos esos puntos.

A día de hoy, no importa demasiado si estoy en la oficina, en casa o en un bar con conexión a internet porque el trabajo básico lo puedo hacer igual. La limitación la marca si tengo o no dos pantallas (imprescindible para poder trabajar a la velocidad a la que necesito trabajar), pero cada vez soy más capaz de sistematizar, organizar y no olvidarme cosas por el camino. Y eso, en mí, es una proeza.

Próximamente… Cómo estoy consiguiendo organizarme con Todoist mucho mejor que con los cuadernos de papel