Si tuviera alma de gurú, me montaría un post chungo del tipo ‘Cinco cosas que un emprendedor puede aprender de la jardinería’, pero ni tengo alma de gurú ni tampoco creo que mi experiencia sirva para generalizar. Así que esto es lo que yo he aprendido de mis plantas:

  • Paciencia. Yo nunca he sabido lo que es eso, ni sé esperar ni tengo aguante con la gente que va a otro ritmo. Y eso es precisamente lo que hacen mis plantas: ir a su puta bola. Aunque a veces las hormono para que enraícen mejor o para que tengan más hijos, hacen lo que les da la gana y eso me gusta porque da igual lo que yo haga: mis plantas no se estresan por mi impaciencia. De eso, en serio, se aprende un montón.
  • Constancia. Aunque no soy todo lo constante que debería ser con mis plantas, sí que tengo claro que o estás permanentemente encima o se mueren. El año pasado estuve casi cuatro meses sin regarlas y murieron un montón. No tengo todo el tiempo que me gustaría pero es importante hacerles caso de vez en cuando, quitar las hojas secas, cambiarlas de sitio cuando cambia el tiempo…
  • Plagas. Da igual que tengas paciencia y seas constante porque si te ataca una plaga, cuerpo a tierra. Justamente por ese descuido, una plaga de hormigas provocó una super plaga de cochinillas en mi patio y eso me obligó a dos cosas: aplicar pensamiento estratégico y armarme hasta los dientes. Una visita a la droguería y un tratamiento de choque y las hormigas desaparecieron, con lo que las cochinillas empezaron a moverse mucho más despacio. Todavía hay algunas, pero las mantengo a raya.
  • Se mueren y no pasa nada. Quise poner nombre a mis plantas pero tengo demasiadas y cuando se murieron algunas de las que tenía bautizadas, me dio un poco de pena. Durante una temporada, me dio por reproducir todas mis plantas porque quería tener dos de cada por si se me moría una. De algunas tengo un montón pero otras no he conseguido propagarlas. Algunas de mis favoritas se han terminado pudriendo por el calor y la lluvia o muriendo porque no las regaba. ¿Y la verdad? No me ha pasado nada.
  • En el fondo, quieren algo de cariño. Ahora que soy capaz de mantener las plantas con vida debería plantearme volver a tener un pez, pero eso es demasiado esfuerzo. Las plantas son bastante agradecidas, pero hay que fijarse en cosas. A veces no les gusta el sitio y les salen manchas o se ponen pochas. Otras quieren crecer y necesitan una maceta más grande. Otras piden a gritos una ubicación más soleada. No hace falta perder la cabeza intentando entender las plantas, pero si las cuidamos un poco, molarán más y estarán más bonitas.

Si fuera un gurú, diría que de las plantas podemos aprender la autodisciplina, la atención a los detalles, la capacidad de dejar ir lo que se va o lo que no nos interesa, la paciencia y el trabajo constante… Pero, repito, eso es cosa mía.