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Soy la típica imbécil que no tiene problemas en trabajar gratis, pero últimamente no elijo bien los proyectos en los que centrarme a cambio de nada. Cada vez nos pasamos más horas hablando de por qué no tenemos que aceptar ciertos proyectos, por qué tenemos que empezar a pensar un poquito más grande… Pero luego te das cuenta de que esos pequeños proyectos, esas cosas próximas, son un lujo y un pequeño reducto de libertad.

El otro día, sentada con una persona que necesita mucha menos ayuda de la que cree, me di cuenta que el lujo es poder invertir en clientes que se lo merecen y poder creer en historias pequeñas cuando son pequeñas y no cuando son demasiado grandes para nosotros. Creo que si tuviera que trabajar únicamente con clientes grandes, echaría mucho de menos este tipo de proyectos.

Y a partir de ahora elegiré cuidadosamente esas historias en las que trabajar a cambio de nada o a cambio de poco, lo justo para cubrir gastos. Elegiré con todavía más cuidado la gente a la que ayudar, a la que escuchar y por la que dar la cara. No volveré a trabajar gratis, invertiré en personas y en proyectos.